ORDO AB CHAO

Religiosidad popular, culto al querido hermano Leo Kopp

Unas horas frente a la tumba de Leo Kopp Koppel, en el cementerio Central de Bogotá, bastan para verificar el fervor que muchas personas humildes sienten por este industrial judío y Masón. Parecería una paradoja, a este hombre libre y de buenas costumbres, se le ha dado, por muchas personas, el título de santo popular, beato milagroso, siervo de Dios y santo cervecero. Incluso algunos de sus devotos han pensado en iniciar su proceso de beatificación ante el Vaticano.

La tumba está custodiada por una estatua de bronce, parece ser copia de “El Pensador”, pero no es igual a la célebre escultura de Auguste Rodín. Varias personas hacen fila para hablarle al oído, cierran sus ojos con devoción, le acarician la cabeza contándole, al oído, sus angustias y le piden favores, muchas veces desesperados. La mayoría de ellos y ellas le solicitan su intervención para resolver problemas de salud, empleo, vivienda, protección, suerte en sus diferentes tareas y negocios, estudiantes universitarios le piden ayuda para sacar buenas notas o para conseguir un cupo en una universidad y hasta le piden que nuestro Querido Hermano, desde el Oriente Eterno, les ayude a encontrar pareja.

Los agradecimientos los dejan los adeptos, al célebre cervecero, en pequeñas inscripciones que se pueden leer en todos los rincones de la tumba. “Gracias”, “mil gracias”, “yo sabía que tu podías” “gracias por salvar a mi cuchita”. Me cuenta Aldemar, uno de los celadores del cementerio, “con bastante frecuencia, algunos de sus agradecidos feligreses limpian la tumba” por ejemplo, en esta fecha,  última semana del 2015, solsticio de invierno, dos mujeres pulieron la estatua de bronce, dejándola reluciente. Es una de las tumbas con más flores frescas de todo el Cementerio Central.

Los domingos y los lunes un hombre vestido con un hábito negro, quien dice ser “sacerdote misionero”, vende plegarias y recibe dinero por interceder ante el “Hermano Leo Sigifredo Kopp” como él lo llama, rezando “LA ORACIÓN SUPREMA AL SEÑOR JESUS Y AL HERMANO LEO SIGIFREDO KOPP”. La oración inicia de la siguiente manera “Señor Jesucristo, Hijo de Dios Padre: me inclino ante ti, para que por medio de tu siervo Leo Sigifredo Kopp, atiendas mis necesidades (…)” y termina la oración diciendo: “Te ofrezco mi vida; me comprometo a servir a mis semejantes como tú lo hiciste (…)” El “sacerdote misionero” cobra $25.000 por misa. Durante la celebración de la “eucaristía” expresa su obediencia a las autoridades de la iglesia católica de Roma y bendice a los presentes. Termina su labor pasando la bandeja para que los asistentes depositen su respectivo óbolo.

Algunos cronistas, como Javier Riveros de Caracol, llaman a esta estatua de bronce “las orejas más famosas de Bogotá” (Riveros, 2013). Muchos escritos recientes hablan del significado popular de la creencia en “Don Leo Kopp”, la verdad queda uno sorprendido con la información existente sobre nuestro Querido  Hermano Kopp, sin embargo, un tema me llamó la atención, entre las varias tesis de grado, artículos, videos, crónicas, etc., se le atribuye al Querido Hermano, ser miembro de la religión judía, pero solo algunos escritos recientes, ha señalado su condición de Masón, especialmente las crónicas de Javier Riveros y los estudiantes de comunicación social, antropología y sociología de diversas universidades quienes han hecho tesis de grado sobre temas de religiosidad popular.

Este desconocimiento es entendible ya que, en vida, como corresponde a todo Masón, el secreto y la discreción son fundamentos de nuestro actuar en el mundo profano,  así lo señala el Querido Hermano Aldo Lavagnini “la disciplina del silencio es una de las enseñanzas fundamentales de la Masonería. Quien habla mucho piensa poco, ligera y superficialmente, y la masonería quiere que sus adeptos se hagan más bien pensadores que habladores” (Lavagnini, 2007).

En los años de vida de nuestro Querido Hermano, entre 1858 – 1927, la persecución hacia la Masonería en Colombia era mucho mayor que hoy día. Mantener su condición de Masón en secreto o total discreción le permitió, seguramente a su familia, poder enterrar sus restos en el cementerio Central de Bogotá, recordemos, a los Masones, impíos, herejes y suicidas no se les dejaba enterrar en los cementerios católicos. Por esa razón surgen en muchos municipios del país los llamados “cementerios Libres” como el de Circasia y el más recientemente descubierto en el municipio de Turmequé, Boyacá (Masón, 2008).

El industrial, fundador de Bavaria, es famoso entre la población bogotana por su bondad, solidaridad, ser buen patrón y un hombre muy sensible a la realidad social, un verdadero filántropo. Entre otras decisiones tomadas por él, figuran, por ejemplo, convertir a sus obreros en accionistas de la empresa, construir viviendas sociales y poner a funcionar un sistema cooperativo de pensiones y seguridad social. Esta forma de vida es consecuente con sus solidos principios Masónicos. Muchos Queridos Hermanos, al igual que nuestro Querido Hermano Leo Kopp, Influenciados del sentimiento filantrópico, herencia del titán Prometeo a los seres humanos, propio de la masonería, han impulsado la creación de instituciones como son La Cruz Roja Internacional, la Unesco, la ONU, los Boy Scout, Los Hospitales Shriners, por nombrar solo algunas (Fajardo Sanchéz, 2016).

El Querido Hermano Américo Carnicelli, historiador y Masón, en el tomo II de su obra Historia de la Masonería Colombiana, dedica dos páginas (406, 406) al Querido Hermano Leo Kopp. Nos describe su amplio recorrido en la masonería, iniciado en 1913 a la edad de 55 años de edad, en la Respetable Logia Propagadores de la Luz N° 53 del Oriente De Bogotá. Fue exaltado al Sublime grado de Maestro Masón el 16 de mayo de 1914. Recibió el grado 18, Príncipe Rosa Cruz y del Pelicano por el Soberano Capítulo “Luz de los Andes” N° 13 de Bogotá el 26 de diciembre de 1914. Ascendió al grado 30 por el Gran Consejo de Caballeros Kadosch “Luz de los Andes” N° 5 de Bogotá el 19 de noviembre de 1917. El 10 de septiembre de 1917 solicitó a la Logia que su hijo Guillermo Kopp y Castello, nacido en Bogotá en 1894, fuera aceptado por la Respetable Logia Propagadores de la Luz N° 53, como Luvetón. Puesta en consideración y baloteada, la Logia aceptó la solicitud por unanimidad (Carnicelli, 1975).

El profundo sentido de fraternidad hacia sus Queridos Hermanos se puede evidenciar cuando en el año 1917 en una tenida de su Respetable Logia, el Querido Hermano Kopp, propuso construir una casa y un templo donde se reúnan todas las logias establecidas en Bogotá. El Querido Hermano obsequió para este efecto cinco mil pesos oro ($5000). El Querido Hermano Carnicelli señala que con estos recursos se fundó la Nueva Sociedad de Constructores S.A de Bogotá. Esta es Fraternidad en Acción, pocos discursos y muchas obras. A esta  iniciativa se debe, en gran parte, la construcción de nuestra actual sede. Dice el Querido Hermano Lavagnini sobre la fraternidad: “Se habla mucho de la fraternidad entre los Masones como entre otras sociedades que la sustentan entre sus objetivos, pero, si del campo de la palabra y la pura teoría, dirigimos nuestra mirada a la práctica de la vida diaria, vemos como la efectiva realización de la fraternidad deja mucho que desear (…)” y continua el Querido Hermano Lavagnini “El amor se da, pero nunca puede exigirse: lo mismo debe decirse de la fraternidad, que no puede ser sino una manifestación de amor (…) un masón se hará verdadero masón y hermano, según sienta en sí mismo el Ideal Masónico y se reconozca como hermano de los demás” (Lavagnini, 2007).

De acuerdo a la información sobre la vida del Querido Hermano Kopp podríamos afirmar que fue un hombre consecuente, tanto en el mundo profano donde expresó con generosidad y su sentido de la filantropía y solidaridad, como en el mundo Masónico donde igualmente expresó, con hechos concretos, su amor fraterno

La naciente industria cervecera de los hermanos Kopp, sociedad Bavaria Kopp’s Deutsche Brauerei, fue construida en un lote y según el Acta de fundación, costo $1.200 Pesos Oro. Esta industria, pronto se convirtió en una empresa prospera y rentable. Los hermanos Kopp y sus socios, con el éxito de la nueva bebida, la cerveza, influyeron de manera importante en la baja producción y la casi desaparición de la “Chicha”, bebida tradicional indígena elaborada con maíz en un proceso de fermentación cuya receta fue utilizada durante cientos de años por nuestros pueblos originarios indígenas (Llano Restrepo, 1994). La Chicha fue reemplazada por la cerveza de  los hermanos Kopp.

En un país como Colombia donde los derechos a la salud, educación, trabajo, seguridad etc., son un privilegio para muy pocos, los hombres y mujeres invocan a las ánimas benditas o al alma de algún difunto a quien ellos consideran, fueron en vida, personas con alguna cualidad excepcional. El saber popular en el cementerio Central de Bogotá y otros cementerios del país, venera como santos a dictadores (Rojas Pinilla); Socialistas (Pardo Leal); exguerrillero (Pizarro); científicos (Julio Garavito); niñas (Hermanitas Bodmer); prostitutas (María Salomé) y hasta narcotraficantes (Pablo Escobar) los tejidos de estas formas de religiosidad cultural son complejas y no se podrían explicar solamente por motivos económicos o la situación de pobreza de sus fieles, pero sin duda esta  situación marginal influye en este tipo de cultos.

No creo que ni el Querido Hermano Leo Kopp, ni alguno de sus vecinos ilustres, huéspedes del Cementerio Central de Bogotá, hagan milagros. Pero estamos seguros, por todas las placas y manifestaciones de agradecimiento colocados en su tumba, dejados por devotos fieles con el santo a quien se atribuye el milagro, son una evidencia de uno de los principios más fuertes del hermetismo: TODO ES MENTE. La fe, la devoción y la constancia no son sino manifestaciones de la fuerza del pensamiento creador de cada uno de los peticionarios de milagros. Los seres humanos no somos únicamente energía y mente, también somos fruto de la cultura y las creencias donde nos formamos.

Al despedirme, intenté buscar algún signo masónico en la tumba del Querido Hermano o sus alrededores, pero no lo encontré… porque simplemente lo tenía frente a mí.

Debo confesar, a pesar de mi formación positivista y científica, no pude resistir la tentación de acercarme y susurrarle al oído del Querido Hermano Leo Kopp, no para que me hiciera algún milagro, sino para circularle la palabra “fraternidad”.

Por: Luis A. Fajardo S.

Del Perfecto Elegido